Wednesday, February 15, 2012

Pequeños Abrazos

Granada, Nicaragua



Cada vez se me hace más difícil escribir este blog en inglés. Llevo sólo dos días fuera de Estados Unidos y mi lengua nativa ya se está imponiendo.
Llegué a Granada, Nicaragua, anoche cerca de las 7:30pm,  completita, con mis brazos, piernas, la cabeza un poco brumosa y mi inusual paquete. En un momento, mientras cruzábamos la frontera entre Costa Rica y Nicaragua pensé que el castillo inflable no lograría pasar a través de aduana.
El oficial que me revisó primero, me miró bien feo, como con sospecha cuando le dije que el contenido de la caja grandota era un castillo de juguete. “Ya sé que es algo raro de andar acarreando” le contesté, con cara de que obviamente esta no era la primera vez que alguien me preguntaba al respecto. Creo que el pobre hombre no tenía ganas, ya a esas horas, de escuchar mi historia (la que a estas alturas había perfeccionado con lujo de detalles), y me mandó a mostrarle mi pasaporte y contarle el cuento a otra persona.
Luego de convencer al agente de aduanas de que este no era un artículo extremadamente caro y que no era necesario que me cobraran impuestos especiales por él, me dejaron pasar con la famosa caja. Supongo que verán peores cosas que una chilena, con dirección gringa, viajando en bus desde Costa Rica con 20 kilos de plástico inflable y un motor de inflado (sin mencionar la maletita rosada y la almohada de chancho)
Y así es como al final lo logré. Mañana vamos a entregar el castillo a las mujeres del proyecto de pequeña empresa, para que puedan comenzar a arrendarlo y generar ingresos a partir de esta generosa donación.
Por ahora, me toca disfrutar del calor y la calmada belleza de Granada. Estoy tan feliz de estar aquí y tener la oportunidad de conocer a las personas con las que trabajamos y tratar de entender la realidad de las organizaciones a las que ayudamos.
Nicaragua es  uno de los países más pobres de Centro América, y hay múltiples razones para esto. La cultura, la religión, las guerras, la política, la avaricia y la falta de justicia social son sólo algunas de ella.
Hoy he visitado tres de nuestros proyectos. La mayoría son centros u hogares para niños, donde los chicos viven o  van antes o después de la escuela. Estoy profundamente impresionada de la gran cantidad de hijos que cada familia tiene. Muchas de estas familias son muy pobres, y los niños terminan teniendo problemas de nutrición, falta de apoyo y falta de atención.
La mayoría de las mujeres nunca han oído sobre métodos anticonceptivos, y si lo han hecho, no los consideran como una opción por ir en contra de su moral y creencias religiosas. Como resultado, hay una gran cantidad de padres jóvenes con más hijos de los que pueden mantener, rezando para que Dios provea el sustento necesario para todo ellos. Sin embargo, en un país con el nivel de pobreza de Nicaragua, rezar no es suficiente.
Estos son los niños que llegan a nuestros hogares y centros de acogida. Aquí tienen acceso a una comida nutritiva cada día, apoyo moral y académico para terminar la escuela y un lugar donde se les brinda la atención que tanto necesitan y que muchas veces sus padres no pueden brindarles.
Hoy, mi alma se ha conmovido bajo el efecto de pequeños abrazos, grandes sonrisas y esos ojitos brillantes llenos de curiosidad y alegría. Yo sé que para muchas personas, la ayuda que pueden brindar no parece suficiente para sobrellevar la cruda realidad a la que se enfrentan como espectadores. Sin embargo, es maravilloso lo que estas organizaciones pueden hacer con la ayuda de los voluntarios. Los niños que conocí hoy, están ansiosos por aprender, tienen los ojos abiertos, esperando por oportunidades para ser mejor. Sólo necesitan que alguien les preste atención, y muchas veces, eso es todo lo que hace falta para hacer una diferencia. 

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